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Cómo restaurar la vida

Un llamado a la acción del PNUD, el PNUMA, el Banco Mundial y WRI

Hay momentos en que la decisión más difícil es admitir lo obvio. Es obvio que en todo el mundo las economías nacionales están basadas en bienes y servicios derivados de los ecosistemas, como también lo es que la vida humana depende de la capacidad que tengan esos ecosistemas para seguir proporcionando sus múltiples beneficios. Con todo, tanto en los países ricos como en los pobres, por mucho tiempo las prioridades del desarrollo se han centrado en aquello que podemos extraer de los ecosistemas, sin tomar demasiado en cuenta el impacto de nuestras acciones.

Con este informe, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el Banco Mundial y el Instituto de Recursos Mundiales quieren reconocer públicamente que asegurar la viabilidad de los ecosistemas del mundo debe constituirse en una verdadera prioridad del desarrollo en el siglo XXI.

Si bien nadie duda de nuestra dependencia de los ecosistemas, integrar las consideraciones sobre su capacidad productiva en las decisiones relacionadas con el desarrollo es una tarea difícil, pues requiere que los gobiernos y las empresas revisen algunos supuestos básicos sobre la manera de medir y planificar el crecimiento económico. La pobreza obliga a muchas personas a poner en peligro los ecosistemas de los cuales dependen, aun cuando estén conscientes, por ejemplo, de que están extrayendo madera o pescado a niveles insostenibles. La codicia o una vocación emprendedora, la ignorancia o el descuido también pueden conducir a la gente a pasar por alto los límites naturales de los ecosistemas. Sin embargo, la dificultad más grande de todas estriba en que las personas en todos los niveles -- desde el agricultor más pequeño hasta el alto funcionario de gobierno -- o bien no pueden hacer un buen uso de la información a su alcance o carecen del conocimiento básico sobre la condición actual y perspectivas de los ecosistemas en el largo plazo. Este informe, junto con el Análisis Piloto de los Ecosistemas del Mundo (APEM) en el cual está basado, constituyen uno de los pasos para hacer frente al problema.

En el marco de nuestra colaboración en la serie Recursos Mundiales, las cuatro organizaciones emprendimos la presente edición como un genuino esfuerzo mancomunado dirigido a formular recomendaciones para salvaguardar los ecosistemas del mundo, conjugando perspectivas diferentes y décadas de experiencia en los campos del medio ambiente y el desarrollo. Nos motiva la urgente necesidad de encontrar soluciones que beneficien tanto a la gente como a los ecosistemas.

Actualmente en todas las naciones -- tanto ricas como pobres -- la gente está sufriendo de una u otra forma los efectos del deterioro de la base de recursos naturales: escasez de agua en el Punjab, India; erosión del suelo en Tuva, Rusia; mortandad de peces en la costa de Carolina del Norte en los Estados Unidos; desprendimientos de tierra en las laderas deforestadas de Honduras; incendios en los bosques alterados de Borneo y Sumatra en Indonesia. Los pobres -- quienes por lo general dependen directamente de los ecosistemas para su sustento -- son los que más sufren cuando estos se degradan.

Al mismo tiempo, en todo el mundo hay quienes están trabajando para encontrar soluciones: programas de conservación de bosques comunitarios en Dhani, India; manejo colectivo de praderas en Mongolia; transformación agrícola en Machakos, Kenia; remoción de especies invasoras de árboles para proteger los recursos hídricos en Sudáfrica, y restauración de los Everglades en los Estados Unidos, entre otros esfuerzos. Gobiernos y entidades privadas están invirtiendo miles de millones de dólares en tratar de rectificar la degradación de los ecosistemas, o por lo menos de evitar sus consecuencias, y se requerirán miles de millones más para restaurarlos en una escala mundial.

Como lo demuestran estos ejemplos y muchos otros citados en este volumen, nuestros conocimientos sobre los ecosistemas han aumentado en forma dramática, pero no al mismo ritmo que ha alcanzado nuestra capacidad para alterarlos. A menos que utilicemos los conocimientos adquiridos para desarrollar nuestros ecosistemas en forma sostenible, corremos el riesgo de infligirles aún más daño, con las graves consecuencias que esto pueda traer para el desarrollo económico y el bienestar de la humanidad. De ahí la urgencia de este tema: errores evitables producto de nuestra miopía pueden afectar la vida de millones de personas ahora y en el futuro. Podemos continuar alterando ciegamente los ecosistemas de la Tierra, o podemos aprender a usarlos de manera sostenible.

Si decidimos continuar con los patrones actuales de uso, es casi seguro que enfrentaremos una disminución de la capacidad de los ecosistemas para producir su amplio espectro de beneficios, desde agua limpia hasta un clima estable, desde leña hasta cultivos alimentarios, desde madera hasta hábitats para la vida silvestre. Sin embargo, tenemos otra opción. Esta requiere que reorientemos la forma en que vemos los ecosistemas, de manera que consideremos su sostenibilidad como esencial para la nuestra. La adopción de este "enfoque ecosistémico" implica que evaluemos nuestras decisiones sobre el uso del suelo y los recursos en términos de cómo afecta éste la capacidad de los ecosistemas para mantener la vida, pero no solamente el bienestar humano sino también la salud y el potencial productivo de plantas, animales y sistemas naturales. Mantener esta capacidad se convierte en nuestra "llave maestra" para el desarrollo nacional y humano, en nuestra esperanza para acabar con la pobreza, en nuestra salvaguardia para la biodiversidad y en nuestro pasaporte hacia un futuro sostenible.

Obviamente es difícil saber qué será sostenible en el ambiente físico o político del futuro. Es por ello que el enfoque ecosistémico hace hincapié en la necesidad de contar con buena información científica y con políticas e instituciones sólidas.

Desde un punto de vista científico, un enfoque ecosistémico debería:

 

Reconocer el "sistema" en los ecosistemas, respetando sus fronteras naturales y manejándolo de forma holística y no sectorial.

 

Evaluar con regularidad las condiciones del ecosistema y estudiar los procesos que subyacen en su capacidad de sostener la vida con el fin de entender las consecuencias de nuestras opciones.

Desde la perspectiva de las políticas, un enfoque ecosistémico debería:

 

Demostrar que se puede hacer mucho por mejorar el manejo de los ecosistemas mediante la formulación de políticas más inteligentes y el desarrollo de instituciones más eficientes para que las implementen.

 

Reunir la información que nos permita sopesar cuidadosamente las contraprestaciones (trade-offs) entre los varios bienes y servicios de los ecosistemas, y entre las metas ambientales, políticas, sociales y económicas.

 

Promover la participación del público, y particularmente de las comunidades locales, pues por lo general son éstas las que tienen un mayor interés en proteger el medio ambiente.

La meta de este enfoque es optimizar la variedad de bienes y servicios que producen los ecosistemas, preservando al mismo tiempo su capacidad para generarlos en el futuro. Recursos Mundiales 2000-2001 aboga porque se adopte un enfoque ecosistémico y recomienda la manera de aplicarlo.

Un paso crucial dirigido a cuidar los ecosistemas es hacer un inventario de sus condiciones y su capacidades para continuar satisfaciendo nuestras necesidades. Sin embargo, tal evaluación global del estado de los ecosistemas todavía no se ha hecho. Este informe comienza a llenar este vacío de conocimientos, presentando los resultados del Análisis Piloto de los Ecosistemas del Mundo, un nuevo estudio que se ha emprendido con el objeto de colocar los cimientos para otros esfuerzos de evaluación más globales.

Lo que hace que este análisis piloto sea valioso en este momento -- antes de que se realicen otras evaluaciones -- es que aquí se compara en una escala global la información que ya existe sobre las condiciones de cinco clases principales de ecosistemas: agroecosistemas, áreas costeras, bosques, sistemas de agua dulce y praderas. En el análisis piloto se examina no sólo la cantidad y la calidad de lo que se produce sino también la base biológica de esta producción, incluyendo las condiciones del agua y el suelo, la biodiversidad, y los cambios ocurridos en el uso del suelo a través del tiempo. Asimismo, en vez de mirar solamente aquellos productos que se comercializan, como son los alimentos y la madera, en el análisis piloto se evalúan las condiciones de un amplio espectro de bienes y servicios de los ecosistemas de los cuales depende la gente, pero que no tiene que comprar en el mercado. De aquí surge una evaluación global de las condiciones actuales de los cinco ecosistemas principales basada en la información disponible.

Esta evaluación muestra claramente los puntos fuertes y débiles de la información que se tiene a mano. En el análisis piloto se identifican tanto los vacíos significativos que existen en materia de información como lo que se necesitaría para llenarlos. Las imágenes de satélite y la teledetección han aportado información adicional sobre ciertas características de los ecosistemas, como por ejemplo su extensión; sin embargo, hoy en día la información en el terreno sobre indicadores como la calidad del agua dulce y los vertimientos en los ríos es más escasa que en el pasado.

Si bien es cierto que hay abundancia de datos sobre algunos temas, en el análisis piloto se demuestra que hasta ahora no hemos tenido éxito en lo que se refiere a la coordinación de esfuerzos. Las escalas son divergentes, la diferencia de medidas pone en duda la posibilidad de integración y es posible que las varias fuentes de información no estén enteradas de los hallazgos de sus contrapartes.

Quienes colaboramos en este esfuerzo comenzamos nuestro trabajo en esta edición de Recursos Mundiales con la convicción de que el desafío que implica manejar los ecosistemas de la Tierra, así como las consecuencias de fracasar en este empeño, aumentarán significativamente en el siglo XXI. Concluida la labor, estamos plenamente conscientes de que hoy día carecemos tanto del conocimiento científico como de la voluntad política que se necesitan para enfrentar el reto. Si se han de tomar decisiones sólidas relativas al manejo de los ecosistemas en el siglo XXI, es esencial que se produzcan cambios drásticos en la forma en que utilizamos el conocimiento y la experiencia de que disponemos, así como en el tipo de información que tendrá peso en las decisiones que se tomen sobre el manejo de recursos.

Con el fin de satisfacer las necesidades de información detectadas y de impulsar evaluaciones locales y regionales, se requiere una evaluación verdaderamente global e integrada de los ecosistemas mundiales que vaya mucho más allá de nuestro análisis piloto.

El proceso de planificación de la Evaluación de Ecosistemas del Milenio ya está en marcha.

 

En 1998, representantes de un amplio espectro de organismos científicos y políticos internacionales comenzaron a explorar los méritos de una labor de esta magnitud y a recomendar la estructura más adecuada para sacarla adelante.

 

Después de realizar consultas durante un año, y tomando en cuenta los hallazgos preliminares de este informe, los participantes llegaron a la conclusión de que una evaluación del pasado, presente y futuro de los ecosistemas no era solamente una tarea factible sino también apremiante.

 

Fue así como urgieron a instituciones locales, nacionales e internacionales para que apoyaran este esfuerzo en su calidad de partes interesadas, usuarios y fuentes de conocimiento.

Si llega a feliz término, la Evaluación de Ecosistemas del Milenio generará nueva información, integrará el conocimiento actual, desarrollará herramientas metodológicas, y contribuirá a mejorar la comprensión de estos temas por parte del público. En los ámbitos local, nacional y regional, este esfuerzo ayudará a desarrollar la capacidad de obtener y analizar nueva información, y actuar en conformidad. Nuestras instituciones se unen para respaldar este llamado a que se realice la Evaluación de Ecosistemas del Milenio.

En los albores del nuevo siglo, tenemos la capacidad de cambiar los sistemas vitales de este planeta, para bien o para mal. Si queremos lo primero, debemos reconocer que el bienestar de la gente y el de los ecosistemas se hallan entretejidos y que esa trama está cada vez más deteriorada. Hace falta repararla, especialmente ahora que tenemos a mano las herramientas necesarias. ¿Qué mejor momento que éste?


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